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Este proyecto conjunto adapta la novela/pataleta de Heinrich Böll sobre sus encontronazos con la prensa en los “años de plomo”, perdiendo por el camino parte del elemento satírico de la obra, y no porque este desaparezca: la secuencia en que un comando irrumpe en la casa de Katharina mientras ella toma el café podría provocar horror o indignación (y sin duda, lo haría en manos de alguno de esos cineastas modernos y comprometidos que salen de debajo de las piedras), pero la aparatosidad del operativo y lo surrealista de su procedimiento remite más a Godard que a Loach o Costa-Gavras; porque la intención es identificarse con la estupefacción de la joven criada ante la pesadilla surrealista en que se convierte su vida en cuestión de minutos. Es en los interrogatorios y durante las primeras señales de acoso, así como en las inquisiciones del poco escrupuloso reportero del “Zeitung” -con un más que notable parecido a Sami Frey, si el protagonista de Banda aparte tuviese sangre en las venas- cuando la película mejor funciona, gracias a que la sutilidad formal de Schlöndorff, que desde su dominio del encuadre observa a sus personajes sin enjuiciarlos -dotes quizá heredadas de Melville o Resnais; es verdaderamente más honesto el estilo documental o la cámara en mano, o es que nuestra indolencia emocional cada vez exige recursos más obvios para expresar emociones, como parece inferirse de Iñárritu y compañía.. ?-, potencia la sensación de estar ante un espectáculo grotesco, tan divertido como terrorífico. Otro acierto está en el hábitat que rodea la acción, una Colonia aséptica y cuadriculada, donde los pocos espacios abiertos que filman Schlöndorff y Von Trotta están violados por la acción humana, como en la secuencia de la casa de campo de su amante (las tanquetas y demás vehículos policiales y periodísticos surcan la pradera por la que Katharina se aleja del lugar), alusiones más o menos sutiles a la idea de un estado policial, no lejos del presente al otro lado del telón de acero. Si en algo chirría el filme es en potenciar esos esbozos más o menos sutiles que se apuntaban hasta entonces.

A diferencia de la novela (o lo que recuerdo de ella), que va abriendo la trama a las acciones del resto de personajes, entre los cuales Katharina era el principal hilo conector, de la mano de Schlöndorff y especialmente de Von Trotta, se prolonga la identificación inicial con Katharina y dificulta el distanciamiento relativo siempre necesitado en una sátira, de modo que paulatinamente sus acciones acaban siendo tomadas en serio por el filme, se convierte en una de las heroínas de Von Trotta, que no permitirá la menor ironía alrededor de su personaje (lo que no quita, claro, que toda esa solemnidad feminista, progre, sentimental y comprometida acabe haciéndose algo ridícula..) y reduce el papel de Blorna, quizás el único individuo más o menos neutral en el filme, a un mero convidado de piedra burgués entre las obscenidades de los opresores, que resultan ser todos hombres, mientras que las mujeres, incluso las del cuerpo de policía, son comprensivas y civilizadas; no hay un solo personaje positivo masculino, si exceptuamos el interpretado por Jörgen Prochnow, que casualmente resulta ser un terrorista… Son estas salidas de tono demagógicas (que yo atribuyo en buena parte a la nunca suficientemente comprometida Von Trotta, si bien es cierto que la novela original y el contexto en que se hizo la adaptación seguramente darían cierto pie a ello, aunque signifique caer en el mismo sensacionalismo que están tratando de denunciar) las que impiden que el filme sea totalmente satisfactorio; por lo demás, la película no pierde el ritmo ni una impresión general de lucidez aun en los momentos menos inspirados, que aunque malgasta a Heinz Bennent saca una buena interpretación de la protagonista, Angela Wrinkler, y que aunque el final y las fijaciones de su esposa acercan el material a los terrenos de Costa-Gavras, la elegancia formal de Schlöndorff y su habitual distanciamiento de toda histeria siguen presentes hasta entonces, o cuanto menos quiere intuirse después de los aciertos iniciales. Eso aparte de que el tema tiene ahora un interés especial con el intercambio de cuchillos actual en el mundo político-económico-mediático.

Die Verlorene Ehre der Katharina Blum oder: Wie Gewalt entstehen und wohin sie führen kann, de Volker Schlöndorff y Margarethe Von Trotta (1975). Guión de Volker Schlöndorff y Margarethe Von Trotta a partir de la novela de Heinrich Böll. Fotografía de Jost Vacano. Interpretada por Angela Winkler,. Mario Adorf, Dieter Laser, Jürgen Prochnow, Heinz Bennent y Hannelore Hoger.

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