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Podría estrujarme el cerebro para elogiar el desbordante talento que desprende cada fotograma de esta oscura revisión del clásico de Carroll, mostrar mi asombro ante tanta deliciosa imaginación macabra, con sus delirios surrealistas, sus ataques de pánico psicológico y sus esquinadas insinuaciones pedófilas, pero prefiero copiar lo que dice Jesús Palacios de ella en su libro La fábrica de los sueños:

“La animación checa es una de las más peculiares del mundo, principalmene por haber dado mayor preponderancia a las marionetas (siguiendo una larga y gozosa tradición propia de Centroeuropa, y paralela a espectáculos tan peculiares y praguenses como La Linterna Mágica o el Teatro Negro), y a otros materiales más extraños al cine todavía (plastelina, arcilla, papeles recortados e incluso objetos cotidianos), como base para su cine animado, muy por encima de los clásicos “dibujos” (en los que también son, desde luego, maestros). Cineastas como Jiri Trnka, Karel Zeman o Jiri Barta, entre otros muchos, son considerados ya clásicos del género, y el cine animado checo, lleno además de intenciones críticas y sociales a menudo, pero también de hermosas fantasmagorías y leyendas tradicionales, no necesitaba, aparentemente, ninguna revolución para seguir siendo único y prestigioso. Pero la tuvo, y con un nombre: Jan Svankmajer.

Militante, junto a su esposa, la también artista Eva Svankmajerová, del Grupo Surrealista Checo, escultor, grabador, dibujante, alquimista y artista conceptual, Svankmajer llegó al cine animado procedente del mundo de los títeres y la Linterna Mágica. Pronto, sumando su universo surrealisra y mágico a sus conocimientos técnicos, se convirtió en el más famoso de los animadores chechos, siendo descubierto al mundo por los británicos hermanos Quay. Ha realizado decenas de cortometrajes góticos, kafkianos y grotescamene divertidos, además de ácidamente críticos y perseguidos por el viejo Estado comunista. Pero sería su primer largometraje, una personalísima adapación del Alicia de Lewis Carroll, uno de sus autores favorios, el que arrasaría en los festivales, llegando a estrenarse comercialmente en nuestro país.

Gracias al personaje de Alicia, Svankmajer da rienda suelta a todo el poder de su imaginación visual, y en un juego de muñecas rusas que nos obliga a sumergirnos más y más profundamente en nuestro subconsciente, la niña de Carroll nos arrastra entre criaturas fantásticas, esqueletos semovientes y objetos peligrosos, en una recreación del mundo que hay detrás del espejo que, sin ser lieral con respecto al libro, acierta plenamente en su interpreación surrealista y psicoanalítica del universo carrolliano, traducido en imágenes propias del mundo praguense y cabalista de Svankmajer, con sabor a gabinete de curiosidades renacentista.

Alicia mezcla imagen real (la niña protagonista, una actriz no profesional), objetos y muñecos, y, como era de suponer, en absoluto se propone ser una versión dirigida al público infantil del clásico de Carroll. Por el contrario, restituye al libro todo su poder perturbador original, irracional y erótico de una forma peculiar y personal, pero que, seguramente, Carroll habría encontrado satisfactoria”.

Ahora, para resumirlo, podría poner en la balanza lo positivo y lo negativo. Lo mejor: sin duda, su capacidad de inventiva, sin parangón. Lo peor: que, como todo el cine de animación europeo, puede llegar a aburrir un poco.

Neco Z Alenky, de Jan Svankmajer (1988). Guión de Jan Svankmajer, basándose en la novela de Lewis Carroll. Diseño de producción de Jan Svankmajer. Fotografía de Svatopluk Malý. Montaje de Marie Zemanová. Protagonizada por Kristýna Kohoutová.

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