Solitaria obra maestra de Herk Harvey, Carnival of souls está ahí para redescubrirnos el increíble poder del cine a la hora de trasmitir emociones puras y viscerales mediante un sencillo juego de luces y sombras generadas por un haz de luz (o un barrido electrónico si se ve en el dvd de casita) capaz de dibujar en una pantalla (de cine o de televisión) todo un mundo ficcional e ilusorio capaz de hipnotizarnos, maravillarnos y sacarnos, siquiera momentáneamente, del tejido real de la vida cotidiana. Catarata de sensaciones, gozo poético escalofriante y avasallador, la grandeza de esta película es en gran parte un misterio para mí. Es, simplemente, una de esas obras que nos impactan y llenan más que las demás, que nos perturban y nos conmueven, que nos hacen amar el séptimo arte un poquito más. Tras un comienzo igual de inmediato que el de La noche de los muertos vivientes (sin presentación de personajes, sólo una rampa para meterte de cabeza en la historia), la trama poco a poco va dejando ver sus cartas sin perder por ello un ápice de misterio, para acabar entrando de lleno en el terror (primero con sigilo, luego de cara), y hacerlo encima con un lirismo calmado y tranquilo que pone los pelos de punta. La fusión de música, montaje, Candace Hilligoss y una puesta en escena abstracta que amortiza su escaso presupuesto con talento y elegancia hacen el resto. Y si antes he mencionado La noche de los muertos vivientes, no ha sido por casualidad. Probablemente Romero le deba mucho a esta extraña película, tan hermosa y tan fascinante. Tan triste.

Carnival of Souls, de Herk Harvey (1962). Guión de John Clifford y Herk Harvey. Interpretada por Candace Hilligoss, Frances Feist, Sidney Berger, Art Ellison, Stan Levitt, Tom McGinnis, Forbes Caldwell, Dan Palmquist, Bill de Jarnette, Steve Boozer, Pamela Ballard, Larry Sneegas, Cari Conboy, Karen Pyles y T. C. Adams.

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