Dassin es un director del que no sé gran cosa, aunque su experiencia vital resulta fascinante (y terrible) a primera vista, siendo uno de los principales damnificados por la “caza de brujas” del senador McCarthy a finales de los 40 y principios de los 50. El caso es que junto con Losey, Rossen, Ritt o, en el lado opuesto, Elia Kazan, es uno de los cineastas cuyas experiencias en aquella época repercutieron positivamente en sus filmes. En el 54, Dassin estaba en París sin un duro con que mantener a su familia, y se vio obligado a realizar esta película, basada en una novela que despiezó sin piedad hasta dejar únicamente lo que le interesaba: un atraco a una joyería y las consecuencias del mismo. Le Stephanois sale de la cárcel, enfermo y envejecido, y organiza el atraco con su antigua banda más un hedonista italiano (que responde a los rasgos del director) cuya posterior indiscreción hará que un gangster enemigo, pareja de la antigua chica de Le Stephanois, se disponga a hacerse con el botín, con resultados trágicos. En escenas como en la agresión de Le Stephanois a su ex, Dassin muestra hasta qué punto se encontraba resentido y destruido, tanto como su personaje, por las condiciones en que esa ridícula vorágine paranoica le había dejado, explotando la vulnerabilidad de los individuos amenazados, pero no es un filme con vocación política alguna; aunque filmado con capital, equipo y localizaciones francesas, es cine negro americano rodado con destreza y que se va haciendo insoportablemente asfixiante a medida que avanza. Esa capacidad de gestionar la tensión se hace visible en las mejores secuencias del filme; la más famosa, la media hora de acción sin diálogos o música durante el robo en la joyería -en la que basta con mostrar los procedimientos que llevan a cabo para hacerse con el botín para hipnotizar al espectador-, y el terror que se desata tras el desliz del italiano, que poco a poco va haciéndose más frenético y desesperado hasta culminar en la magistral secuencia final, la trágica y absurda huida del protagonista a ninguna parte.

Du rififi chez les hommes, de Jules Dassin (1955). Guión de Jules Dassin, René Wheeler y Auguste Le Breton, sobre la novela de Auguste Le Breton. Interpretada por Jean Servais, Carl Möhner, Robert Manuel, Janine Darcey, Pierre Grasset, Robert Hossein, Marcel Lupovici, Dominique Maurin, Magali Nöel, Marie Sabouret, Claude Sylvain y Jules Dassin.

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