¿Qué se puede decir que aún no se haya dicho ya de este encadenado de escenas memorables (desde el plano secuencia inicial hasta el mismísimo final) que marcó un antes y un después en la historia del género? ¿Qué se puede decir del maestro Howard Hawks, de su dirección expresionista y sutil, sin caer en elogios babosos pero nada exagerados? ¿Qué se puede decir del sobreactuado e inolvidable Paul Muni? ¿Qué se puede decir de sus maravillosos secundarios (el zorrón de la hermana, el lacayo/amigo fiel, ¡ese secretario lerdo y conmovedor!) o de sus ingentes toneladas de acción (ardiente y directa o esquinada y casi elíptica, rebañando el fuera de campo -el asesinato de Karloff es oro puro). Pues eso, que estamos ante una película mítica que sólo ha envejecido en aspectos secundarios, pero no en la esencia, mil veces recuperada después (la más famosa de manos de Brian de Palma). Una historia de ascenso y caída de… cuyo esquema argumental (la relación sexo-poder, la amistad traicionada, la avaricia implacable que lleva a la autodestrucción) será copiada miles de veces de ahí en adelante… pero con la misma fuerza y talento, pocas, muy pocas.

Scarface, the Shame of the Nation, de Howard Hawks y Richard Rosson (1932). Guión de Seton I. Miller, John Lee Mahin, W. R. Burnett, Fred Pasley, Ben Hecht y Howard Hawks, basado en una novela de Armitage Trail. Interpretada por Paul Muni, Ann Dvorak, Karen Morley, Osgood Perkins, C. Henry Gordon, George Raft, Vince Barnett, Boris Karloff, Purnell Pratt, Tully Marshall, Inez Palange y Edwin Maxwell.

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