Fábula futurista que adapta una novela del francés Stefan Wul (Ohms en serie), El planeta salvaje supone un canto a la tolerancia y la coexistencia pacífica entre seres diferentes, una reflexión en torno a la necesidad de entendimiento y la importancia del diálogo en cualquier sociedad moderna que se precie de serlo. Esta es la base de la película, pero no lo fundamental. Lo que importa al final es la forma en que se plasma toda la historia en imágenes, para lo que se contó con la colaboración del genial Roland Topor, dibujante, escritor (entre sus obras, El quimérico inquilino), miembro del Grupo Pánico junto a Jodorowsky y Arrabal y figura esencial de la ilustración fantástica moderna. Él diseñó todo ese mundo fantástico poblado de seres extraños e imposibles, estilizado y surreal, fascinante siempre. Su imaginación visual no tiene parangón y es toda una delicia perderse en esas extravagantes arquitecturas alienígenas, en esos sketches descriptivos plagados de humor negro, crueldad y divertida poesía del horror. Una maravilla de película, en definitiva.

La planète sauvage, de René Laloux (1986). Guión de Steve Hayes, René Laloux y Roland Topor, basándose en una novela de Stefan Wul.

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