Pese a dirigirla Sergio Citti, Ostia es una obra pasoliniana como la que más. El director italiano, co-autor del guión y productor de la cinta, plasma su cerrado universo personal en una historia de amor nada convencional que se abre y se pliega en múltiples direcciones para poder abarcar todos los temas que a él le interesan. Aquí hay homosexualidad latente y una misoginia feroz, reflexiones en voz alta sobre el destino del ser humano y su papel en el mundo, la política como necesidad de cambio y como latigazo al borreguismo del pueblo italiano, siempre con el socialismo por bandera (Jesús fue el primer mártir del socialismo) pero también cuestionando con sumo cuidado esta línea de pensamieno, como si presintiera que tiene fallas irreversibles en su estructura que el ojo humano es incapaz de percibir; luego está el sexo, incestuso o inmoral, consentido, rechazado o deseado, pero siempre presente, tentador o frustradamente indiferente. Y, pese al tratamieno blasfemo de varias situaciones, es también una obra profundamente religiosa, pero religiosa en un sentido combativo que pone en entredicho a esa iglesia que se ha hecho de oro traicionando el verdadero espíritu de Jesús.

Exquisitamente planificada y con una capacidad alegórica que afecta a cada fotograma, Ostia avanza en un sentido ajeno al del realismo social, supeditando la linealidad de la narración por una indefinición temporal y una voluntad ideológica cercana al teatro del absurdo que en estos momentos sólo detecto en el Bertrand Blier de Les cotelettes (aunque este apostara más por el surrealismo puro y duro). Cine de ideas y metafóras, polémico y combativo, a veces demasiado evidente en su discurso, demasiado afectado por un tono caricaturesco innecesario (la comilona posterior al sacrificio de la oveja), pero definitivamente vivo, personal e insólito; una obra con trasfondo de tragedia griega pero sin la restallante emoción de un Sófocles, al contrario, sobria y pausada, muy bien dirigida por Citti, auténtico enemigo del movimieno de cámara y perfeccionador de un estilo basado en la capacidad de transmitirlo todo a través de la composición del plano y la elección del encuadre idóneo. Cine estático que dice mucho (tal vez demasiado) y que estimula la imaginación. Recomendable, especialmente para adeptos de Pasolini y de las obras atípicas y repletas de interrogantes (Anita Sanders: ¿vírgen María o rubio demonio?).

Ostia, de Sergio Citti (1970). Guión de Sergio Citti y Pier Paolo Pasolini. Interpretada por Laurent Terzieff, Franco Citti, Anita Sanders, Ninetto Davoli, Lamberto Maggiorani, Celestino Compagnoni, Luisa Tirinnanzi, Settimio Picone, Gianni Pulone, Alberto del Prete, Gualterio Fiorentino, Giulio Simonetti, Alberto Chiapparelli, Fernando Piergentili y Giovanni Contino.

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