Elaborado y tramposo melodrama de sentimientos que es en el fondo una guía sentimental y moral para despistados emocionales, enamoradizos confusos y pobres diablos a los que la vida jugó una mala pasada y que obtendrán respuesta y solución a sus problemas gracias al estupendo y al mismo tiempo abyecto guión de Nunally Jonson (Las uvas de la ira, La mujer del cuadro, Doce del patíbulo): estupendo porque es un prodigio de claridad narrativa (hasta los flashbacks encajan sin que el ritmo se resienta) e inteligencia en su desarrollo, abyecto porque echa un tufo conservador que no hay dios que lo aguante. Basa toda su razón de ser en demonizar las infidelidades mientras construye una melosa loa al amor verdadero (hablamos de Negulesco) que es, cómo no, aquel que se produce sólo dentro del matrimonio. Al final el protagonista se desenfunda el traje de casual pepitogrillo y se aplica su propia medicina, todo sea para desembocar en el inevitable y demandado happy end. Afortunadamente la película no sólo cuenta entre sus puntos fuertes con un guión medido que no deja lugar al aburrimiento, sino también (y sobre todo) con unos actores magníficos entre los que sobresale la inquietante Bette Davis y la eterna y siempre llorada Shelley Winters, por la que siento auténtica debilidad. Su sola presencia, encantadora y divertida, ilumina toda la película. Lo demás es sólo zafia propaganda sentimental, muy bien presentada pero propaganda al fin y al cabo. Para disfrutar dejando de lado la moralina.

Phone Call from a Stranger, de Jean Negulesco (1952). Guión de Nunnally Johnson y I. A. R. Wylie. Interpretada por Shelley Winters, Gary Merrill, Michael Rennie, Keenan Wynn, Evelyn Varden, Warren Stevens, Beatrice Straight, Ted Donaldson, Craig Stevens, Helen Westcott y Bette Davis.

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