Me encanta este tipo de cine, tan exagerado, tan lleno de personajes misteriosos y encantadores, de romances imposibles, aventuras, traiciones… Salomé, un enamorado del folletín y del fantastique, le da lustre al género al recuperar al legendario ladrón creado por Maurice Leblanc en esta deliciosa película tan maltratada (en general) por la crítica especializada. Y no sé porqué, pues al francés la jugada le ha salido bastante redonda. No sólo ha encontrado un actor idóneo para interpretar a Lupin con la soltura y la ironía necesarias (Romain Duris encaja perfectamente en su papel), sino también un tono narrativo y visual tan acertado como atractivo, velocidad y desparpajo típicamente americanos pero sin renunciar a un cierto toque galo que la hace todavía más disfrutable. Eso por no hablar de los secundarios, con la perversa Scott Thomas a la cabeza. Uno de los puntos más atacados de la obra de Salomé es su supuesta farragosidad narrativa, pero yo no lo veo tan claro; la historia es nítida, y vale que llega un punto en que todo se retuerce más de lo esperado, pero ¿acaso no pasa lo mismo en cualquier folletín aventurero que se precie? Lo importante es dejarse llevar por el humor, los decorados, los trajes de época… Disfrutar cada fotograma como lo que es: puro deleite visual para espectadores criados a la sombra de Vidocq y compañía.

Arsène Lupin, de Jean-Paul Salomé (2002). Guión de Jean-Paul Salomé y Laurent Vachaud, sobre las novelas de Maurice Leblanc. Interpretada por Romain Duris, Kristin Scott Thomas, Pascal Greggory, Eva Green, Robin Renucci Patrick Toomey, Mathieu Carrière, Philippe Magnan, Philippe Lemaire, Marie Bunel, Françoise Lepine, Jessica Boyde y Gaëlle Vincent.

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