Retrato clásico, casi minimalista, del Sueño Americano, además de íntima oda a los perdedores y los perros apaleados por la vida, The Set-Up no es sólo una brillante película de boxeo, sino también un ejemplo perfecto de eso tan americano que llamamos afán de superación, el no rendirse jamás ante las adversidades, no doblegarse por los demás, luchar por lo que uno cree y demás tópicos del cine deportivo. En el fondo el film de Wise es muy sencillo, muy obvio en su mensaje, pero está tan bien interpretado por Robert Ryan y tan bien dirigido por el propio Wise que todas sus debilidades aparecen empequeñecidas ante el resultado final.

La introducción, sin ir más lejos, es un ejemplo perfecto de dominio del tempo y el espacio cinematográficos (esa presentación de personajes sin cambiar de plano), y la escena del combate es una lección de cine en toda regla, con su primoroso montaje y su tensión visual, palpable en cada golpe. Y luego está el final, emocionante y sombrío. The Set-Up no es un producto de artesanía más: es un bronco poema sobre el honor ejecutado con una solvencia técnica fuera de toda duda; un poema que nos brinda la oportunidad de presenciar una bella resurrección escenificada con desgarro y sutileza: el personaje de Ryan resurge de sus cenizas cual Ave Fénix en esa Dreamland de pesadilla (con punto de fuga hacia la Esperanza)

The Set-Up, de Robert Wise (1949). Guión de Art Cohn. Interpretada por Robert Ryan, Audrey Totter, George Tobias, Alan Baxter, Wallace Ford, Percy Helton, Hal Baylor, Darryl Hickman, Kenny O’Morrison, James Edwards, David Clarke, Phillip Pine y Edwin Max.

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