Mélo es el diminutivo en francés de melodrama, y eso es, básicamente, lo que se pone en escena: una obra olvidada de los años 20 de un tal Henri Bernstein, que cuenta las trágicas andanzas de dos amigos y una mujer (Azéma), esposa de uno (Arditi) y amante de otro (Dussollier). Puesto que la historia no viene acompañada de ningún virtuosismo argumental o estético, Mélo viene siendo considerado el filme más convencional de Resnais. No deja de ser algo chocante a primera vista el que Resnais firme el guión en solitario; su cine suele apoyarse en guionistas de talento (Marguerite Duras, Alain Robbe-Grillet, Jorge Semprún, Jean Gruault y más recientemente el tándem Jaoui-Bacri, los cuatro primeros nominados al oscar por su trabajo con el director) que complementen sus dotes para la puesta en escena, más teniendo en cuenta que aquí el material de partida no es especialmente electrizante, pero puede que esa sea la clave del interés de Resnais por el proyecto.

Mélo la obra de teatro es una muestra más de un género popular, adictivo y que por lo general se decanta hacia el exceso, tanto formal como argumental; en Mélo el filme la historia es exageradamente dramática, desde luego; pero la forma de plasmarla carece de la dosis de calidez que suele aportársele a una adaptación teatral a la pantalla. Al igual que Smoking/No Smoking, está rodada de forma austera, con muy pocos planos y con unos decorados tan deliberadamente artificiales como los de La Vida es una Novela. La consecuencia obvia de estas técnicas es fomentar el distanciamiento del espectador de la historia que se le presenta, y de la empatía que se supone nos pretende transmitir permitiendo un análisis insólitamente racional y sincero del género.

Desgraciadamente, algunas de sus estrategias juegan en su contra, principalmente el hecho de que Resnais firme el guión, consecuencia más que probable de la arritmia del filme, que parece salir adelante por una serie de escenas excepcionales más que como un conjunto. Las escenas, eso sí, son de la más bellas que Resnais haya rodado, en especial la del club; la historia en ese momento es casi intrascendente, pero aquí remata el aire casi lisérgico de la puesta en escena de la mayor parte del film jugando con un espejo que permite observar la totalidad de la sala y el rincón en que se sientan los protagonistas sin que el plano varíe en ningún momento.

Pero como el principal mérito de Resnais es hacerse notar lo menos posible, hay que destacar la labor del trío protagonista, empezando por Azéma, la única que sostiene el filme en sus zonas muertas con una intensidad más propia de las actrices clásicas (algo que no es ninguna sorpresa para quien la haya visto en La Vida y Nada Más), un Arditi muy contenido, a quien le pertenece el tramo final del film, y un Dussollier algo superado por sus compañeros de reparto -que al fin y al cabo tienen papeles más agradecidos- pero que aún así tiene un monólogo largo y memorable en el arranque. Supongo que cabe mencionar que el propio Dussollier declaró que Marcel Blanc fue uno de sus primeros personajes complejos, y dadas las mayores tablas de sus compañeros de reparto se defiende bien, incluso en las escenas en que resulta el convidado de piedra. La aparición de Ardant es poco más que testimonial.

Sea culpa de Resnais o del propio material de partida, se trata de uno de sus filmes más descompensados y deslabazados; incluso La Vida es una Novela, con su estructura caótica, conseguía construir un discurso más o menos coherente y, como de costumbre, demoledor; aquí la brillante idea de destripar al melodrama de sus excesos no es capaz de dejarnos más que el interés del experimento en sí, muy buenas interpretaciones y buena puesta en escena, pero ninguna profundidad comparable a la de la mayoria de sus obras. De todas formas, es una parada obligatoria para fans de Resnais y su troupe de actores habituales, y también para aquellos que se hayan maravillado con Smoking/No Smoking, que no deja de ser el perfeccionamiento de este experimento.

Mélo, de Alain Resnais (1986). Guión de Alain Resnais, sobre la obra teatral de Henri Bernstein. Interpretada por Sabine Azéma, André Dussollier, Pierre Arditi, Fanny Ardant.

Advertisements