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Se nota que tras esta extraña y desconcertante historia de reencuentros post-mortem y secretos incofesos está la mano del gran Jean-Claude Carrière, guionista habitual de Buñuel. De hecho, comparte varios puntos en común con otra malsana historia de sentimeintos ocultos y personajes desorientados surgida de su brillante cabeza: La piscina, de Jacques Deray. En ambas cintas un elemento extraño viene a perturbar la normalidad de una pareja y, en ambas, el final regresa al punto de partida aunque manteniendo bajo sus aguas las consecuencias de la tormenta.

Rodada con elegancia y una sabiduría en el encuadre encomiable y acompañada por una melancólica y a ratos juguetona partitura de Alexandre Desplat, la cinta transcurre en un clima constante de tensión y sorpresa que te mantiene suavemente hipnotizado. Únicamente unos puntos poco claros del guión y un cierto agarrotamiento en el tempo narrativo mediada la función hacen perder puntos a este exquisito y sobrio ejercicio de estilo a la europea, a medio camino entre el drama de sentimientos y el thriller paranormal. Quien espere ver un producto comercial al uso se llevará una decepción; el que busque algo más encontrará aquí una considerable tajada de buen cine (amén de una gloriosa interpretación de Nicole Kidman: muy pocas actrices son capaces de aguantar un primer plano durante más de dos minutos sin perder un ápice de intensidad: sencillamente impresionante).

Birth, de Jonathan Glazer (2004). Guión de Jean-Claude Carrière, Milo Addica y Jonathan Glazer. Interpretada por Nicole Kidman, Cameron Bright, Danny Huston, Lauren Bacall, Allison Elliott, Arliss Howard, Michael Desautels, Anne Heche, Peter Stormare, Ted Levine, Cara Seymour, Joe M. Chalmers, Novella Nelson, Zoe Caldwell y Charles Goff.

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