Por si no quedó suficientemente claro en el anterior artículo, Claude Miller es un artesano; un buen artesano, como los americanos reinvindicados desde Cahiers du Cinema. Podemos verle transitar del polar al drama adolescente sin que la calidad de sus filmes se resienta (o eso es lo que dice la crítica, porque es prácticamente imposible ver filmes de Miller en españa); y ante todo, un buen director de actores, a juzgar por los filmes vistos; quizás sea eso lo que hace de su cine tan interesante, su falta de pretensiones en comparación con la de los autores o pretendidos autores omnipresentes en el cine galo. Aquí estamos de nuevo ante un polar, pero frente a la teatralidad de Arresto Preventivo, Mortelle Randonnée (la telefílmica traducción española podría ser Ruta Mortal) es una “road movie” con un punto de partida fascinante, pero que acaba de resultar menos interesante, en gran parte porque en esta ocasión los dos protagonistas no están a la misma altura; el personaje de Adjani es demasiado increíble y está muy poco matizado, y además interpretado sin demasiada pasión, quizás por no ser ella la estrella de la película.

El caso es que de esa joven que suponemos extremadamente desvalida y desorientada sólo nos queda el objeto de las obsesiones de Michel Serrault -Quizás fuese eso lo que se pretendía- Michel Serrault, por supuesto, está fantástico. Su personaje es un regalo para él (y envenenado para Ewan McGregor, según parece): su deambular tras los pasos de Adjani, de forma casi tan psicótica como ésta busca víctimas, se hace tan suyo como del espectador; a fin de cuentas, la película es lo que podemos ver a través de este, “el ojo”. Las andanzas se van haciendo cada vez más angustiosas, no por la Adjani, sino por el propio Serrault -y nosotros mismos, aunque nosotros veamos los hechos con la frialdad de la que ellos carecen, no por ello podemos resistirnos a la creciente psicosis, ni debemos-. Al igual que Arresto Preventivo tiene dos episodios o subtramas más o menos aparte de la dinámica general del filme. El primero es el más interesante, en el que Adjani detiene su dinámica gracias a un apuesto, sensible, y suponemos que ella ve como desvalido Sami Frey, que es ciego. Sami Frey no hace más que pasar por allí, pero gracias a él la psicosis y los celos del “voyeur” Serrault llegan a un punto álgido, y dan lugar a una de las tres mejores secuencias del filme (siendo la primera la magnífica presentación del personaje de Adjani, y la tercera el “ensayo” de Serrault), que sí muestran talento en la puesta en escena. En cuanto al segundo, su repercusión es nula, pero sirve para que aparezca de nuevo Guy Marchand y una acertada e irreconocible Stéphane Audran.

Desgraciadamente, las andanzas de Serrault y Adjani se quedan en un clímax algo convencional, que nos hace recordar la relativa intrascendencia de la trama y lo horrible de la banda sonora (y pensar en que posiblemente la película la habrán desgraciado los 35 minutos de diferencia que hay entre la versión que circula actualmente y la original estrenada en cines). Pero asumiendo su estatus de obra menor, resulta una película muy entretenida, y fascinante hasta donde uno quiera seguir a Serrault. Yo no dudaría en volver a hacerlo.

Mortelle randonnée, de Claude Miller (1983). Guión de Jacques Audiard y Michel Audiard, sobre la novela de Marc Behm (Eye of the Beholder). Interpretada por Michel Serrault, Isabelle Adjani, Sami Frey, Stéphane Audran, Guy Marchand y Jean-Claude Brialy.

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