The Atomic Cafe: algo así como el documental definitivo sobre la historia de la energía nuclear aplicada a la guerra. Un repaso exhaustivo, sin voz en off que guíe al espectador (el brillantísimo montaje es más que suficiente), al nacimiento y desarrollo de la era atómica en Estados Unidos. Para ello recurre a todo, desde filmaciones del ejército a imágenes de noticiarios, animaciones educativas (increíbles algunas de ellas), canciones (impagables todas), entrevistas a eminencias políticas o simples soldados, etc. El conjunto se beneficia de un ritmo implacable que hace avanzar la Historia reciente con una claridad narrativa insólita mientras dibuja un retrato, a veces hilarante, otras simpemente terrorífico, de la paranoia atómica que se apoderó del pueblo americano en esos significativos años (amén de dejar en entredicho la típica imagen del american way of life). Un documental extraordinario que toca de lleno algunos de los sucesos más importantes del siglo XX (Hiroshima, la Guerra Fría y la Guerra de Corea, el peligro comunista) y muchos de los momentos esenciales durante el desarrollo del armamento químico: las pruebas en las islas Bikini (se te pone un nudo en la graganta viendo a los inocentes nativos accediendo a abandonar su tierra para que la destruyan en pos del futuro pacífico de la humanidad), la detallada ejecución del matrimonio Rosenberg (gallina en piel), el uso de marines como conejillos de indias en las pruebas de Yucca Flats, los surrealistas ducumentales propagandísticos, la campaña educativa del “Agáchate y cúbrete”, etc. Soberbio documental, de verdad. Una veces divierte, otras te hiela la sangre. Hay que verlo para creerlo.

Por cierto, todo esto mucho mejor explicado y recomendado por el señor Absence, gracias al cual descubrí este tremenda pieza cómico-terrorífica (como la describió cierto crítico en su momento).

The Atomic Cafe, de Jayne Loader, Kevin Rafferty y Pierce Rafferty (1982).

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