Difícil de reivindicar resulta El diablo se lleva a los muertos, sita en lo que se considera el punto de decadencia del autor de Diabolik (de hecho, una gran mayoría la considera su peor película), pero aún así lo voy a intentar. Empiezo por lo malo: el guión es absurdo (¿5 guionistas para esto?) y la primera hora es una consecución de sinsentidos capaz de irritar hasta al espectador más permisivo. Hasta ahí, todo correcto. Pero es que la media hora final me parece extraordinaria, por dos motivos: uno, contiene algunos de los asesinatos más hermosos de toda su carrera; y dos, supone un descenso a los infiernos del esteticismo puro y duro que dignifica el género, ensalzando el poder del amor mediante la corrupción del asesinato, gracias a una clásica historia de fantasmas que bien pudiera haber escrito Neil Gaiman para su Sandman, tal es su malévolo poder de atracción.

Para que el cóctel funcione, Bava le mete necrofilia por un tubo (de nuevo Psicosis en el punto de mira) y un reparto impecable que le da un toque bizarre al conjunto y que encabeza una imposiblemente guapa Elke Sommer, apoyada por un Telly Savalas muy cómodo en su (previsible) papel y una Alida Valli que aporta distinción y ajada elegancia europea a una trama necesitada de la misma. Entre las escenas más memorables: una cena de difuntos que inspiraría aquel simpático terror de segunda, Cumpleaños mortal, creo que se llamaba. Clase, mucha clase.

Resumiendo: un delicioso retablo surrealista y erotizado que funciona sólo en su tramo final, pero que a un aficionado entregado como yo le compensa con creces. Tanto me compensa que hasta defiendo su delirante epílogo en el avión, por una razón: porque, como la sorpresa final de Alta tensión (Aja no se volvió loco, simplemente jugó al trampantojo sin ningún rubor), ratifica eso de que la lógica en una narración cinematográfica no tiene por qué serlo todo, a veces importa más la lógica onírica. O sea, la Estética y el placer visual que nos provoca lo Imposible (porque eso es la película: una pesadilla, una ilusión que atrae y repele a partes iguales). La Celda, de Tarsem Singh, también esbozaba una idea parecida, con más poderío pero también más anclada en los cimientos de lo real.

La casa dell’essorcismo, de Mario Bava (1973). Guión de Mario Bava, Alberto Cittini y Alfredo Leone. Interpretada por Telly Savalas, Elke Sommer, Sylva Koscina, Alessio Orano, Gabriele Tinti, Kathy Leone, Eduardo Fajardo, Carmen Silva, Franz von Treuberg, Espartaco Santoni, Alida Valli y Robert Alda.

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