Voy a comentar algo de uno de los tipos más geniales que he leído, Jim Thompson, revitalizador del género negro literario al que aplicó un estilo directo y bestial, que probablemente alcanzara su máxima perfección en 1280 almas, novela perfecta (para mi gusto) y tremendamente cruel sobre los trapicheos y jugarretas que lleva a cabo el sheriff de una pequeña población rural en su afán por ser reelegido en las próximas elecciones. El tipo en cuestión se llama Nick Corey y es, por descontado, uno de los personajes más fascinantes, complejos y memorables que ha dado la literatura; sólo hay que leer sus tremendos monólogos interiores, llenos de sarcasmo y acidez, pero muy lúcidos… Al principio parece tonto pero después pega un cambio, el muy cabrón, y se convierte en una especie de enviado de Dios encargado de limpiar de mierda el pueblo de Potts County, aunque sea necesario para ello manejar a su propio entorno familiar. Mujeriego, vago, insensible y manipulador, es inevitable a veces empatizar con él, sobre todo viendo al resto de personajes, patéticas figuras movidas por la codicia, el deseo, hipócritas y racistas, más simples que el mecanismo de un chupete. No he dicho que el libro engancha desde la primera página, que la prosa de Thompson es sencilla, sin florituras, incluso coloquial, muy adictiva, con diálogos memorables y reflexiones acertadas y osadas. Hay un alto componente de crítica social. Hay un profundo sentimiento de desencanto… Tampoco he dicho que es sorprendente, que está llena de giros. En fin, que está endiabladamente bien escrita y es endiabladamente divertida. Una joya que no os podéis perder.

Sobre Jim Thompson se podría hablar largo y tendido, porque ha llevado una vidad muy movidita. Su padre era sherif y abandonó a su familia cuando Jim era todavía pequeño para hacer fortuna en Méjico, en los campos de petróleo. Tenía sangre indígena (cherokee, concretamente) por parte de su madre, que lo dejó al cuidado de su abuelo, el cual lo iniciaría en la lectura y la bebida: whisky para desayunar y cigarrillos para cenar. Ejerció diversos trabajos: caddy de golf, botones, etc. También trabajó de periodista, publicando chistes y pequeñas comedias en el Forth Worth Press. Llevaba una mala vida, ya se había alcoholizado y con 19 años lo tuvieron que ingresar por depresión nerviosa, tuberculosis pulmonar y delírium trémens. Ya había publicado alguna cosilla cuando escribió la que es considerada su primera gran novela y uno de los mejores retratos de la literatura negra: El asesino dentro de mí.

Luego vendrían otras, como El criminal, Una mujer endemoniada, Noche salvaje, Una chica de buen ver. Es entonces cuando su carrera como novelista sufre un pequeño bajón y decide pasar al terreno cinematográfico de la mano de Stanley Kubrick, que estaba fascinado con “ese comunista, gran bebedor, cuyas novelas rezuman el sudor y la peste de las pensiones baratas”. Así, comenzaron ambos la adaptación de la novela Atraco perfecto de Lionel White, aunque Thompson no apareció como autor del guión, sino de los diálogos adicionales, lo que trajo no pocos problemas. Pese a esto, Kubrick lo solicitó para Senderos de gloria, donde sí aparece como guionista. Gracias a esto, pudo volver a relanzar su carrera literaria, que dio cuatro de sus obras más importantes: Ciudad violenta, La huida (que después sería llevada al cine por el imprescindible Sam Peckinpah), Los timadores (también soberbiamente adaptada al cine por Stephen Frears) y 1280 almas, su última gran novela.

En los años 60, su salud empieza a fallar: sufre embolias, lo operan del estómago, padece hemorragias… Siguió escribiendo, pero la calidad de su producción última no alcanza el nivel esperado. La crítica lo ninguneó injustamente y la fama y el reconocimiento nunca le llegaron plenamente. Al final, el 7 de abril de 1977 muere en su casa de California. Poco antes le pudo decir a su mujer: “Limítate a esperar. Me haré famoso cuando lleve unos diez años muertos” Y tenía razón. Una década después, más o menos, los franceses reivindicaron su figura, y 1280 almas fue el libro escogido por Marcel Duhamel para celebrar el número mil de los publicados en la colección “Série Noire” de Gallimard. Su obra ha influido de forma decisiva en la litaratura y el cine contemporáneo: Barry Gifford, Martin Scorsese, Tarantino… En fin, que si no habéis leído nada suyo, os lo recomiendo encarecidamente.

Advertisements