Bahía de sangre es una película importante por varios motivos. Para empezar, es una de las precursoras más claras del exitoso subgénero slasher (ya sabéis: asesino de identidad desconocida, sangre joven, sexo…), del cual deja marcadas algunas de sus constantes más recurrentes en la genial y gratuita subtrama de los ingenuos veraneantes prestos a calmar hormonas al calor de la citada bahía. Cunningham y cía., muy listos ellos, plagiaron sin rubor algunas de sus escenas más logradas en la célebre Viernes 13, la más evidente aquella que ilustraba un brutal y supererótico homicidio perpetrado con una enorme lanza tribal. Se había formado una de las franquicias más rentables y divertidas del cine de terror, pero seguimos con el italiano.

Bahía de sangre también se erige como una de las obras más violentas e incorrectas del autor de La máscara del demonio, señalando quizás el inicio de un periodo de madurez que no llegaría a desarrollarse en el futuro, o al menos no como uno hubiera esperado. Y digo madurez no tanto en un nivel narrativo o estético (donde ya tiene un control absoluto) como en una notable falta de pudor a la hora de abordar el sexo y la violencia. Efectivamente, aquí hay, creo que por primera vez en su filmografía, desnudos integrales de algunos personajes y, sobre todo, una forma de filmar los asesinatos contundente y bestial. Lo expeditivo de estos crímenes crearía escuela en todo lo que viene siendo el terror moderno, para alcanzar desagradable protagonismo en los desquiciados carriles del gore. Ello, no obstante, implicó también la pérdida de sutileza que lo había caracterizado hasta entonces (evidenciada, también, en esa recurrencia excesiva a los obsoletos zooms), aunque las posibilidades expresivas seguían siendo enormes.

Pero si por algo ha alcanzado categoría de clásico Bahía de sangre es porque resume perfectamente el corpus temático de su autor: en un hábil juego de apariencias estructurado según una lógica de ocultación informativa nada inocente, Bava expresa su opinión sobre la naturaleza del ser humano: es mentiroso, vengativo, codicioso, cruel e irremediablemente estúpido (Hobbes en el pensamiento). Hay mucho secundario a modo de camelo, pero todos, absolutamente todos los personajes, implicados o no en su envenenada trama, están dibujados con colores duros y cenicientos (como la atmósfera) que apenas dejan vislumbrar un perfil benigno de personalidad. De ahí que el final, a todas luces inverosímil, resulte tan estremecedoramente eficaz. En ese limbo de aguas putrefactas donde se empantanan tan viles criaturas sólo la inocencia, corrompida, puede poner algo de orden y devolver a la naturaleza su equilibrio natural. Un Bava mayor, en definitiva.

Reazione a catena, de Mario Bava (1971). Guión de Franco Barberi, Mario Bava, Filippo Ottoni, Dardano Sacchetti y Giuseppe Zaccariello. Interpretada por Claudine Auger, Luigi Pistilli, Claudio Camaso, Anna Maria Rosati, Chris Avram, Leopoldo Trieste, Laura Betti, Brigitte Skay, Isa Miranda, Paola Montenero, Guido Boccaccini, Roberto Bonanni y Giovanni Nuvoletti.

Advertisements