Es muy fácil despachar Meet the Feebles como una gamberrada más del entonces joven cineasta en ciernes Peter Jackson: es el puente que une nada menos que Bad Taste y Braindead, además de la particular parodia burra del show de los Teleñecos y demás fauna marionetil que el australiano debió mamar desde pequeño. Pero su interés radica en su doble función de crítica despiadada del mundo del espectáculo (quizás la más sangrante y realista en espíritu jamás filmada) y de compendio cinéfago de la dieta que forjó su personalidad cinematográfica a lo largo de toda su vida, asimilada y excretada en un puñado de ideas y personajes absolutamente demenciales. Como sátira de la trastienda del show business no tiene piedad alguna, y basa su efectividad no tanto en la negrura de su guión como en el carácter polisémico derivado de la elección de cada animal para representar a tal o cual estereotipo (el más evidente esa mosca reportera amarillista rebuscando entre la basura, aunque hay más) y del reflejo que dicho estereotipo puede tener en la realidad. La vena cinéfaga, por su parte, se desparrama en multitud de géneros cinematográficos (romance, musical, acción, bélico, drama, negro, gore) cuyo denominador común sería su completa falta de mesura, su tono hiperbólico y descontrolado: porno subterráneo y fetichismo, drogas, violaciones, coprofagia, enfermedades venéreas mortales… De todo hay y todo mola en esta salvaje película, aunque la rana lanzadora de cuchillos veterana del Vietnam se lleva la palma.

Aún así lo importante no es que focalice su mirada en la perversión de elementos de apariencia blanca e infantil adoptando un prisma adulto (y cabrón), sino que, ejecutando tal maniobra, sea capaz de no perder ni un ápice de la profundidad y la capacidad de perturbar emocionalmente al espectador que al menos yo le detecto. Lo confieso: en mi caso particular abundaron más los escalofríos que las carcajadas. Y aunque es evidente que el film tiene serios problemas a la hora de modular el impacto de sus chistes (hay escenas presumiblemente importantes que carecen de intensidad, y no me refiero al maravilloso clímax final), su poso es más grande y duradero que el de otras comedias igualmente incorrectas, quizás porque en su interior hay más verdad de la que se puede adivinar a simple vista (¿la última escena de la actriz fracasada Heidi no os parece terrible y estremecedora?). Resumiendo: una comedia amarga hasta el dolor, prima hermana de biliosos ejercicios cómicos tipo El vengador tóxico y Smoochy, que bien pudiera encontrarse entre lo mejor que ha rodado su director hasta la fecha.

Meet the Feebles, de Peter Jackson (1989). Guión de Peter Jackson, Danny Mulheron, Stephen Sinclair y Fran Walsh.

Advertisements