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Los excesos megalómanos acostumbran a pagarse a las primeras de cambio; no solemos ver con buenos ojos las demostraciones de ego. Y mucho menos, de personajes con egos descomunales y fácilmente visibles. Dentro de la ya de por sí ególatra generación del cine americano de los 70, dos realizadores, Michael Cimino y William Friedkin, fueron los encargados de pagar por los demás (Coppola, Scorsese, De Palma…) a los ojos de la crítica. Estrenada tres años después de Carga Maldita (de Friedkin), La Puerta del Cielo es el ejemplo perfecto de producción maldita; no sólo es un proyecto mastodóntico, carente de estrellas y con un director endiosado en el mejor de los casos; nos habla de un episodio de la historia americana que muchos quisieran olvidar, y lo hace sin mostrar comprensión alguna por los agresores en la Guerra del Condado de Johnson. La falta de capacidad de empatía de los personajes, en general, y el que sus cuestiones morales sean demasiado densas como para un film de multisalas (así como una duración exagerada y un ritmo parsimonioso) parece claro que contribuyó al descomunal desastre económico que supuso este film en el momento de su estreno.

Como con muchos filmes sospechosamente criticados por la práctica totalidad de la crítica estaudonidense, vale la pena recuperar este proyecto maldito, y comprobar si la perspectiva que dan 25 años y el obviar las circunstancias que rodearon al film sirven para sacar algo en limpio de este filme. La respuesta es un claro sí; cuesta no rendirse ante un filme con un prólogo tan bello, impecable y necesario para comprender al personaje de Kris Kristofferson, un Federico Luppi del oeste americano en busca de la utopía imposible de la tolerancia y la civilización… Todos pierden ante la Puerta del Cielo: unos su vida, otros sus ganas de vivirla.. otros la poca dignidad que les queda.

El personaje de Christopher Walken tampoco tiene ya mucha dignidad de la que deshacerse; y el de Kris Kristofferson no deja de ser el de un privilegiado avergonzado de serlo, pero demasiado envejecido y encerrado en sí mismo como para ser capaz de moverse por algo más que por lo único que aún brilla, tanto en él como en Walken; la prostituta que encarna Isabelle Huppert. No es tanto que Cimino quiera definir un personaje complejo y apasionante (los personajes femeninos no suelen ser el punto fuerte del director), ni siquiera un punto de fuerte fricción entre los dos protagonistas; sino que Huppert es la última cosa que los devuelve a los inocentes ideales de juventud, de los que la vida obliga a retroceder de forma lenta, inadvertida e inexorable; el ritmo que sus existencias comparten con el ritmo del filme, no tan preocupado por la historia como por estos maravillosos personajes, la fotografía de Vilmos Zsigmond (que nos hace creer que el tiempo se ha parado, y que por sí misma hace ya imprescindible la visión de este film) o esas secuencias en las que parece imposible que haya menos de 100 extras danzando, corriendo o arrastrándose por el barro…

Es un anti-western sin apenas acción o espectáculo, y que nunca va a buscar atrapar al espectador con facilidad; toda película capaz de transmitirnos algo trascendente requiere de un esfuerzo por parte del espectador; un esfuerzo que La Puerta del Cielo paga con creces, erigiéndose en una obra magistral (si bien lejos de ser modélica) sobre cómo los tiempos de la libertad tocan a su fin, y cómo la mayor venganza a la que estos tiempos pueden someternos es sobrevivir a ellos. Y pocos filmes han sido tan proféticos como este, aunque desgraciadamente eso incluyese su propia suerte, que marcó el fin de la última gran época del cine americano.

Heaven’s Gate, de Michael Cimino (1980). Guión de Michael Cimino. Fotografía de Vilmos Zsigmond. Interpretada por Kris Kristofferson, Christopher Walken, Isabelle Huppert, Jeff Bridges, John Hurt, Brad Dourif, Sam Waterston, Joseph Cotten, Mickey Rourke, Geoffrey Lewis.

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