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La brutalidad de la guerra a ras de suelo, acosando y destruyendo a gente inocente que intenta no morir ahogada por la desesperación. En este clásico del maestro nipón Takahata sobre la supervivencia del ser humano, un joven y su hermana pequeña se topan de bruces contra la crueldad irracional de un mundo que es un infierno, y dentro de ese infierno intentarán crear una burbuja de paz que resista los golpes de la realidad. Lamentablemente las burbujas son cuerpos frágiles destinados a no perdurar. De verdad: pocas veces he asistido a una visión de la guerra tan desoladora como la que nos presenta Takahata. Su mirada, fría y dura cuando tiene que serlo, siempre poética y comprensiva para con sus protagonistas, está a la altura de los clásicos. Encoge el alma la forma en que se aproxima a la muerte (me río del Moretti de la habitación del hijo), nos enseña unas cuantas lecciones de vida y, cuando termina la proyección, nos deja en silencio, abrumados por el drámatico diagnóstico que nos ha puesto delante de las narices con inusitada sensiblidad y delicadeza. Sigo sin perdonarle esas (escasas) incursiones por el terreno de lo facilón, que rozan a veces la sensiblería/cursilería, pero si después las compensa con detalles tan inteligentes como esa simbólica pareja de luciérnagas apagándose en la oscuridad me quedo más que satisfecho. Como dijo Pj, una de las películas más devastadoras que he visto jamás. Aparte de lúcida, bella, cruel, tierna, sincera, hiriente y descorazonadora. Obra maestra, sí.

Hotaru no haka, de Isao Takahata (1953). Guión de Isao Takahata, basado en la novela de Akiyuki Nosaka.

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