He aquí una agriducle colección de relatos que gira en torno a la literatura, el amor, la muerte… En ellos siempre hay un personaje que adquiere una condición mítica, por el misterio que rodea a su figura, por sus acciones o la fuerza que irradia su personalidad. Aunque al final del que más acabamos sabiendo es del propio narrador. De hecho, este vive y se explica gracias a estos personajes. La experiencia ajena (relativamente) nos sirve para descubrir al narrador (que no protagonista) de cada relato. Estos, aparte de estar escritos con tensión y melancolía, llevan en su interior el bacilo del suspense, un suspense que bien puede mantenerse sobre un asesinato (o una muerte), una historia de amor o una simple novela (se reflexiona mucho sobre la propia literatura, su función y su necesidad, además de incluir referencias a otras obras y autores conocidos).

El resultado es el apasionamiento. Uno lee cada historia como si en su final se escondiera la respuesta a todos los enigmas existentes, y necesita llegar ahí. Como en Carver (o incluso Hemingway), una estructura simple oculta algo mucho más complejo: es un chispazo, un malestar, algo que se enciende en nuestro interior cuando leemos las palabras que cierran estos cuentos raros. Es desconcertante y maravilloso a la vez. Quizás no podemos especificar el sentido de lo que hemos leído, el significado, lo que nos ha querido decir, pero lo notamos en nuestro interior, sabemos que instintivamente lo hemos comprendido todo: está ahí, pero no lo podemos expresar o exteriorizar.

Hay un relato que me ha gustado especialmente (hay muchos, pero bueno): es un homenaje indisimulado a la estrela del cine porno John Holmes (y también quiero pensar que un homenaje al cine porno en general). No sólo hace poesía cotidiana en torno a esta profesión, sino que retrata, como quien pinta una puesta de sol o un paisaje crepuscular de incomparable belleza, el ocaso de alguien que perdió la juventud y lo perdió todo en general, pero que aún está ahí, sólo, con sus recuerdos. Su humanidad, incluso su bondad, empapa cada palabra del relato que a él va dirigida (palabras salidas de la boca de otra artista porno). Y uno piensa en los cambios que da la vida, en la importancia del amor en nuestra existencia, la importancia de amar y sentirse amado, de saber que hay alguien más ahí, que alguien más piensa en tí, además de uno mismo. Porque si existimos es porque todavía hay gente que nos recuerda. Ya se sabe que el olvido es la muerte definitiva.

El mayor defecto del libro es la reiteración: Bolaño cambia nombres, situaciones y escenarios, pero la historia y la solución de muchas de sus narraciones son las mismas. Algunos dirán que es coherencia temática, que un libro de relatos necesita un eje vertebrador común para que no parezca una amalgama de historia cogidas al azar. Puede que tengan razón, pero en mi modesta opinión hay aquí algunos cuentitos que son perfectamente intercambiables. Pecata minuta, no obstante, para un libro sugerente y recomendable que acaba imponiendo sus muchas virtudes a estos pequeños defectos.

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