uncoeurenhiver.png

Claude Sautet no tiene el aura legendaria de la mayoría de sus compañeros de generación; no se acercó a la experimentación y transgresión de la nouvelle vague, ni desarrolló un estilo lo suficientemente peculiar como para trascender esa asociación en lo referente a popularidad o admiración de la crítica (caso de Malle). Tiene en su historial cerca de una decena de filmes de prestigio y el haber sido el principal responsable de la espectacular resurrección de Romy Schneider en los 70 (Les Choses de la Vie, Cesar et Rosalie, Une Histoire Simple). La resurrección en el film que nos ocupa es, sin embargo, la suya tras una década algo oscura (cosa que de todas formas habrá que comprobar).

Así pues, Sautet vuelve con una film de personajes en el que no muestra ningún signo de agotamiento o pereza pese a sus ya casi 70 años; no tarda ni cinco minutos en hacernos saber todo lo necesario sobre el vínculo entre Maxime y Stephane para no demorar la entrada en escena de Camille, verdadero arranque del filme. Camille es pareja del elegante y encantador Maxime, con lo que su violín pasa al cuidado del taller que lleva junto a Stephane, el artista que carece del nombre, imagen y empuje de su socio, y del valor necesario como para abrir su vida a otro que no sea la inofensiva librera, Hélene, con la que comparte confidencias, comidas y sesiones de cine; pero más depende Regine de Camille, ya que una vez madurada esta, ella no ejerce ninguna función útil, a su pesar.

Como intuyo que debe suceder en buena parte de sus filmes (y efectivamente ocurría en Nelly y el Señor Arnaud) la trama, si la hay, no es más que un instrumento para situar a sus personajes en determinados contextos; son los personajes el punto fuerte del cineasta, y esta no es una excepción; incluso el personaje a priori más endeble y extraño a la historia, el de Maxime, brilla gracias a la humanidad que le transmite el siempre magnífico André Dussollier. Los tres personajes principales y las dos secundarias parecen estar encerrados en los roles que les ha llevado años construirse, demasiado metidos en sus papeles como para dejarse llevar por sus pulsiones, aun conscientes de su error (excusa para que Sautet introduzca una emotiva subtrama en torno al antiguo profesor y amigo de Stephane, en un momento en que su reacción ya es tardía, imposible) y asumiendo la terrible derrota que supone continuar con sus vidas, tan terrenales y monótonas como maravillosa, extraordinaria e irracional es la pasión que transmiten Camille tocando el violín, y Stephane manteniéndolos y construyéndolos. Estos mimbres tan escasos son suficientes como para crear, con perdón de la de su siguiente filme (y de Lo que Queda del Día), la que posiblemente sea la más bella historia de amor de los años 90.

Un coeur en hiver, de Claude Sautet (1992). Guión de Claude Sautet, Jacques Frieschi y Jerôme Tonnerre. Interpretada por Daniel Auteuil, Emmanuelle Béart, André Dussollier, Brigitte Catillon, Maurice Garrel, Élisabeth Bourgine y Miriam Boyer.

Advertisements