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Soberbia película bélica que narra con pulso firme y una dureza visual no exenta de poesía los avatares de un escuadrón norteamericano en un pequeño pueblo francés sitiado por los nazis. Arremete sin compasión contra los altos cargos del ejército y su deshumanizada visión de la guerra mientras dibuja un certero y desolador alegato antibelicista que no ha perdido ni un ápice de su fuerza a pesar de los años. El supuesto patrioterismo del que hace gala es comprensible atendiendo a las circunstancias (año 49) y la composición de los personajes está llena de carne y verdad: en su microcosmos conviven el tipo fuerte y rudo, el que está de vuelta de todo, el débil y asustadizo, el que se autolesiona para huir del horror, el que se toma todo a risa… Y todos, absolutamente todos, irán mutando ante las penurias del destino para acabar saliendo fortalecidos del combate.

La película parece reunir los tópicos que hicieron famoso el género, pero en realidad los está formulando. Hay que tener en cuenta que el cine bélico está todavía en plena formación y lo único que hace Wellman es aportar su granito de arena atendiendo a unos temas que formarán parte del género de ahí en adelante: las rencillas internas, las emboscadas, los espías infiltrados, la añoranza de la familia y la seguridad del hogar… El resultado final es una de las diez mejores películas de guerra que he visto en mi vida, una fugaz y dolorosa fantasmagoría de niebla, fuego y nieve que palpita, llena de vida, y nos habla bellamente (esa exquisita dirección artística) y sin tapujos del verdadero significado de la guerra: el horror, el horror…

Battleground, de William A. Wellman (1953). Guión de Robert Pirosh. Interpretada por Van Johnson, John Hodiak, Ricardo Montalban, George Murphy, Marshall Thompson, Jerome Courtland, Don Taylor, Bruce Cowling, James Whitmore, Douglas Fowley, Leon Ames, Herbert Anderson, Thomas E. Breen, Denise Darcel y Richard Jaeckel.

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