En apariencia (y sólo en apariencia) Almas desnudas es un thriller clásico a lo RKO, pero por debajo de la turbia historia de chantajes y relaciones equivocadas (y peligrosas) late el sonido duro y camuflado de una verdadera (e imposible) historia de amor, nacida desde los márgenes de la ley y la moralidad pero tan intensa y emocionante como sólo lo son aquellas que confían única y exclusivamente en los sentimientos que nacen desde el interior, desafiando condicionamientos externos que poco tienen que ver con tan irracional sentimiento.

Desarrollada de forma sibilina a la par que avanza la peripecia criminal, la relación de ambos personajes (nunca del todo explicitada, y ni falta que hace) se beneficia de unos actores espléndidos que nutren a sus composiciones del fuego de la verdad y la contención expresiva necesarias para no caer en el melodrama ramplón y exagerado, aunque con ello el papel de Mason quede algo desdibujado, perfilando un matón demasiado blandito que se redime a la primera de cambio.

Si no contamos algunas imprecisiones argumentales (curiosamente la parte policial es la que presenta mayores defectos, entre ellos la resolución algo arbitraria de determinados giros de guión) ni la escasa entidad de muchos de los secundarios, tendremos una obra elegante y atractiva, un ejercicio de autor camuflado de noir (como esa “mujer en la playa” que nos presentó Renoir) que basa sus principales virtudes en esa hermosa love story con inevitable consumación final vía doloroso, necesario sacrificio. Por cierto, fue objeto de un desafortunado remake titulado En lo más profundo, muy bien valorado por la crítica norteamericana por el simple hecho de ser una producción independiente.

The Reckless Moment, de Max Ophüls(1949). Guión de Mel Dinelli, Henry Garson, Robert E. Kent y Robert Soderberg, sobre una historia de Elisabeth Sanxay Holding. Interpretada por James Mason, Joan Bennett, Geraldine Brooks, Henry O’Neill, Shepperd Strudwick, David Bair y Roy Roberts.

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