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Yü Gung muestra a unos Einstürzende Neubauten poseídos, en estado de gracia… Completamente conscientes de la potencia de su irracional estallido de rabia, agresividad, terror; algo incapaz de expresar por alguien que no viva en el infierno, y Berlín Occidental lo es, sin duda. También Contratiempo se desarrolla en el infierno; en un mundo en que ni siquiera los ideales importan lo más mínimo en conflictos endémicos, ni sobreviven los ideales tan cacareados un década atrás; sólo quedan seres quemados, frustrados, desesperadamente necesitados de dar sentido a su existencia.

Si la generación del 68 está perdida, tampoco cabe buscar esperanza en las venideras, que ni siquiera saben a qué atenerse en un primer momento… los bloques, la cultura, el autocontrol son ya demasiado indolentes como para acotar a las pocas mentes despiertas que puedan quedar; no es posible comprometerse con batallas ya perdidas. Será, sin embargo, un hombre podrido (a quien se reconoce fácilmente como icono de aquella época perdida) con quien se encuentre la aún inocente protagonista, un hombre que entrega su vida al psicoanálisis pero que no es capaz de ver más allá de sus propias obsesiones. Él es quien la trasladará desde la indolente derrota de Bratislava hasta la negación del desastre de Viena, la despoja de todo intento tímido de recuperar la pretendida pureza de espíritu de la generación anterior, y la conduce a un mundo en el que detrás de cada pintura se esconde el terror y la incomprensión, y detrás de cada elegante pieza clásica resuenan las percusiones de Bargeld y los suyos… es, como dijo su inefable distribuidor, una película enferma para las mentes enfermas de un mundo enfermo. El nuestro.

Bad Timing, de Nicolas Roeg (1980). Guión de Yale Udoff. Interpretada por Art Garfunkel, Theresa Russell, Harvey Keitel, Denholm Elliott.

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