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Leconte acostumbra a estructurar sus filmes a partir del mundo interior de los personajes; no se trata de mostrar lo que les envuelve y determina como suele hacer Rohmer, sino de la percepción que estos tienen de él. Ellos casi siempre son reservados, de existencias monótonas; personajes inadaptados que se sirven de la fantasía como modo de realizarse de una forma que su vida normal no les permite. La sensación de experiencia onírica que dejan muchos de sus filmes está presente en Monsieur Hire, uno de sus primeros intentos exitosos en esta línea, y que presenta a un personaje más peculiar a primera vista; su aspecto y circunstancias son tan ordinarias para él como extrañas para el resto: no se atiene a usos sociales con sus vecinos, y éstos, incapaces de asignarle un rol convencional, no dudan en señalarle como el autor de un reciente asesinato en proceso de investigación. Una introducción que no dedica tanta atención al crimen como al enigma que nos resulta Hire, que apenas nos revela nada de sí mismo; el único momento en que lo hace es en uno de sus encuentros con Alice, cuando imagina las posibles vidas de los transeúntes de una estación ferroviaria. Posiblemente esta traslación de personalidades, de su fantasía al cuerpo ajeno, es su única forma de conocimiento, y la única forma de conocerlo, lo que convierte el filme en una suerte de apología del voyeurismo: Hire observa a Alice, ella hace lo propio, el policía lo sigue, y el espectador, jugando a Dios, los observa a todos ellos, desde la mirada del protagonista, pero también la del resto de impresiones, las de Alice y el inspector.

A partir del momento en que Alice se descubre observada, decide entrar en el intercambio de miradas, luego de encuentros cada vez menos forzados, pretendiendo jugar con él por diversión o como forma de proyectar sus deseos reales en algo fantasioso; como él pretende estar jugando con ella, con la oportunidad de materializar por una vez, quizás, sus fantasías en algo real una vez que se forma un improbable -y magníficamente sugerido- triángulo amoroso; podemos ver cambiar a los personajes según cambia el punto de vista, pero la clave del está siempre en lo que estos proyectan hacia los demás, lo que uno quiere pensar de los otros: Hire quiere pensar que encontrará la felicidad; Alice quiere pensar que su novio se preocupará por ella, y el inspector quiere pensar que llegará a encontrar al asesino de la pobre chica; todos fantasean con que gentes como las de la estación ferroviaria completarán o darán sentido de alguna forma a la soledad en la que ahora sobreviven; o quizás ellos mismos no son más que transeúntes a los que Leconte imagina una vida que podría haberse desarrollado en ese precioso instante final en que el plano se detiene, prácticamente.

Monsieur Hire, de Patrice Leconte (1989). Guión de Patrice Leconte y Patrick Dewolf, a partir de la novela de Georges Simenon. Fotografía de Denis Lenoir. Música de Michael Nyman. Interpretada por Michel Blanc, Sandrinne Bonnaire, Luc Thuillier, André Wilms.

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