Hubo un tiempo (sobre los años 70, más o menos) en el que ciertos directores europeos dieron rienda suelta a sus sueños más húmedos y culpables en algunas películas que levantaron ampollas entre el público bienpensante. Era un cine erótico que, valiéndose de una premisa culta y una dirección sofisticada y de qualité, intentaba paliar las exigencias carnales de aquellos espectadores cansados de tanto cine de autor, gente con ganas de cambiar las pajas mentales por las otras. Uno de esos autores era Walerian Borowczyk, que con La bestia conmocionó a todo el mundo y nos legó uno de los delirios cinematográficos más atrevidos y disfrutables de la historia del cine.

Se la puede considerar sin ningún rubor como la Biblia de la zoofilia, una pervesión del cuento de La bella y la bestia (imaginad a ambos personajes en pleno coito filmados por un esteta del placer, por ejemplo Conrad Son) o una visión malévola y calenturienta del enfrentamiento en pleno bosque entre Caperucita Roja y su lobo feroz. La peli, que se abre con una cita de Voltaire y unos caballos follando salvajemente, pronto deja de lado su primario discurso ético (los instintos nos dominan, somos como animales, necesitados de vida sexual: sin ella nos consumimos), para centrarse en lo que realmente interesa: sexo, sexo y sexo. Sin más. No sólo sexo zoofílico (con una “cubana” incluida), sino también masturbaciones, folleteo convencional, interracial (el apunte, perverso como pocos, de los niños escondidos en el armario) y todo lo que uno quiera.

Borowczyk se recrea en primerísimos planos de genitales y se explaya en las eyaculaciones y los chorros de semen, todo puntuado con algún detalle sadiano e historicista (el corsé), diálogos de doble sentido y algunas insinuaciones pedófilas que dejan al descubierto la dudosa moralidad del estrato eclesiástico, más que nada por joder un poquito al personal. El resultado es una de las películas más deliciosas y (sanamente) ofensivas que he tenido el placer de ver, pura transgresión si miramos los tiempos que corren y el puritanismo que asola la nación más grande del planeta (no por nada estuvo prohibida durante 25 años). Cine libérrimo y casi necesario coronado por esa escena de persecución a la doncella en el bosque que ya ha entrado por derecho propio en los anales del cine más psicotrónico y desvergonzado, puro eurotrash para gente con la libido por las nubes.

Roman Holiday, de Walerian Borowczyk (1975). Guión de Walerian Borowczyk. Interpretada por Sirpa Lane, Lisbeth Hummel, Elisabeth Kaza, Pierre Benedetti, Guy Tréjan, Roland Armontel, Marcel Dalio y Pascale Rivault.

Advertisements