https://parisnospertenece.files.wordpress.com/2009/08/n1522247342_30108530_9610.jpg

Con este film, Argento vuelve a territorio conocido tras el fracaso de la película histórica Le cinque giornate (1972, no estrenada en España). Una supuesta vuelta al redil que, sin embargo, marcaria un punto de inflexión en su carrera. La trama, de hecho, es la tipica del Giallo, genero que cultivó en sus tres primeros filmes, y las motivaciones y circunstancias del protagonista (David Hemmings, Blow-Up) son muy similares a las que tuviera el protagonista de de El pájaro de las plumas de cristal: un hombre se obsesiona por atrapar a un asesino en serie tras presenciar uno de sus crimenes. El psicópata de turno siempre lleva guantes, nunca emplea armas de fuego y su identidad suele ser revelada al final coincidiendo con el clímax del film, junto con un flash-back más o menos explicativo. El objetivo de la trama en sí es crear suspense y poco más, pero las formas de plasmarla en imágenes pueden ser más o menos trabajadas. Rojo oscuro pretende alcanzar el límite de las posibilidades del genero removiendo casi toda seña de realismo o pincelada de corte social, además de mostrar un creciente desinterés en el desarrollo de las motivaciones de los personajes, subordinando todo a la creacion de un universo propio barroco y enfermizo, en el que el propio director ejerce como demiurgo.

Esto es lo que diferencia a Profondo rosso de sus obras anteriores. Para comparar, se puede tomar como ejemplo la secuencia de la galería de arte en la que el protagonista de El pájaro de las plumas de cristal (L’ucello dalle piume di cristallo, 1970) se topa por primera vez con el asesino. A la galería se accede atravesando dos puertas. Cuando el protagonista va a intentar ayudar a la víctima consigue abrir la primera puerta, pero no la segunda, ni tampoco puede abrir de nuevo la primera por dentro. Asi que mientras puede ver a la víctima desangrándose frente a él, no puede socorrerla ni tampoco buscar ayuda; su única posibilidad es aporrear el cristal con la vaga esperanza de que alguien se percate y acuda en su ayuda -es noche cerrada-. La secuencia del intento de asesinato es, desde luego, acelerada y efectista, pero una vez que el asesino ha huido, Argento prescinde de virguerías de montaje y da un cierto espacio al protagonista y al espectador para asimilar su frustración. En el primer ritual hemoglobínico del asesino de Profondo rosso, Argento filma los prolegómenos y su inicio, para a continuación volver atras en el tiempo con una charla del protagonista principal con un amigo durante varios minutos. Inducimos que Hemmings va a acabar presenciando el crimen pero ese momento no acaba de llegar, y cuando por fin llegan los primeros indicios en forma de alarido los dos lo ignoran -una virgen desvirgada!- torturando aun más al espectador, que sabe que los segundos cuentan. Solo cuando yazca moribunda en la ventana y vuelva al fin la frenetica música de Goblin que acompaña los asesinatos -magnífica banda sonora del grupo progresivo italiano- volverá a dispararse el ritmo del film. Nos lleva, pues, por donde quiere.

Argento evita en todo momento dar un aire de cotidianeidad, empezando por una de las primeras escenas, inmediatamente despues de la presentación de Hemmings, en que la cámara atraviesa las cortinas que flanquean la entrada a un patio de butacas que viene a introducirnos en la pantomima que vamos a presenciar, puesto que será en este patio de butacas en el que el asesino hara su primera aparicion, aunque sea en off visual. El halo de misterio que le rodea, apoyado en una aparente ubicuidad que hace no poder descartar que vaya a aparecer en cualquier escena sin necesidad de una explicación -lo que le da una cierta cualidad sobrenatural al personaje- creo que emparenta a esta pelicula con los seriales de principios de siglo, con el Fritz Lang de Los espías (Spionen, 1928) o la saga Mabuse, sin ir más lejos. En ellos tenemos igualmente a la pareja virtuosa en busca del genio criminal a medida que se enamoran. La pareja virtuosa aqui es Daria Nicolidi, y su interacción con Hemmings es uno de los pocos aspectos en que Profondo rosso chirría completamente, revelando la escasa habilidad del italiano cuando tiene que moverse en terrenos más o menos realistas, y que quizás explique los problemas que tiene hoy día para mantener a flote su fórmula, acercándose cada vez más a la autoparodia involuntaria. Más alla de eso queda un entretenidísimo thriller virtuosamente filmado (con atención especial a la secuencia del intento de asesinato de Hemmings en su casa) repleto de sangre e imágenes tétricas -y no siempre excesivas como es norma en el terror italiano; hay momentos que pueden recordar vagamente a las incursiones fantásticas de Ingmar Bergman en los 60-, y que desde la estructura del Giallo apunta en su estilo al período abiertamente barroco que iniciará su siguiente pelicula, Suspiria.

Profondo rosso, de Dario Argento (1975). Guión de Dario Argento y Bernardino Zapponi. Fotografía de Luigi Kuveiller y música de Goblin. Interpretada por David Hemmings, Daria Nicolodi, Macha Méril, Gabriele Lavia, Eros Pagni, Glauco Mauri, Clara Calamai y Giuliana Calandra.