Animación


tokyogodfathers.png

Una joyita de uno de los mayores talentos de la animación japonesa actual. Fábula adulta y navideña sobre la necesidad de amar y la importancia de la familia vehiculada en torno a un trío protagonista como poco curioso: una adolescenmte escapada de casa tras acuchillar a su padre, un vagabundo con cargos de conciencia y un travestí con el único deseo de poder llegar algún día a ser una madre de verdad. La trama atenta contra cualquier atisbo de verosimilud aludiendo a un juego de encuentros y desencuentros tan improbables como determinantes para conseguir el posterior (y pelín forzado) happy end, eso sí, en una escena que rebosa magia en cada plano. Técnicamente perfecta (la escena del atentado al gangster es espectacular), Tokyo Godfathers se confirma como una bonita foto familiar lumpen y extravagante, muy capaz de unir el universo de la infancia con el de la indigencia y los “desperdicios” sociales sin caer (casi) nunca en sentimentalismos baratos, aunque no logre evitar algunos tópicos tanto como uno desearía.

Tokyo Godfathers, de Satoshi Kon y Shôgo Furuya (1953). Guión de Satoshi Kon y Keiko Nobumoto.

Advertisements

hotarunohaka1.png

La brutalidad de la guerra a ras de suelo, acosando y destruyendo a gente inocente que intenta no morir ahogada por la desesperación. En este clásico del maestro nipón Takahata sobre la supervivencia del ser humano, un joven y su hermana pequeña se topan de bruces contra la crueldad irracional de un mundo que es un infierno, y dentro de ese infierno intentarán crear una burbuja de paz que resista los golpes de la realidad. Lamentablemente las burbujas son cuerpos frágiles destinados a no perdurar. De verdad: pocas veces he asistido a una visión de la guerra tan desoladora como la que nos presenta Takahata. Su mirada, fría y dura cuando tiene que serlo, siempre poética y comprensiva para con sus protagonistas, está a la altura de los clásicos. Encoge el alma la forma en que se aproxima a la muerte (me río del Moretti de la habitación del hijo), nos enseña unas cuantas lecciones de vida y, cuando termina la proyección, nos deja en silencio, abrumados por el drámatico diagnóstico que nos ha puesto delante de las narices con inusitada sensiblidad y delicadeza. Sigo sin perdonarle esas (escasas) incursiones por el terreno de lo facilón, que rozan a veces la sensiblería/cursilería, pero si después las compensa con detalles tan inteligentes como esa simbólica pareja de luciérnagas apagándose en la oscuridad me quedo más que satisfecho. Como dijo Pj, una de las películas más devastadoras que he visto jamás. Aparte de lúcida, bella, cruel, tierna, sincera, hiriente y descorazonadora. Obra maestra, sí.

Hotaru no haka, de Isao Takahata (1953). Guión de Isao Takahata, basado en la novela de Akiyuki Nosaka.

Es muy fácil despachar Meet the Feebles como una gamberrada más del entonces joven cineasta en ciernes Peter Jackson: es el puente que une nada menos que Bad Taste y Braindead, además de la particular parodia burra del show de los Teleñecos y demás fauna marionetil que el australiano debió mamar desde pequeño. Pero su interés radica en su doble función de crítica despiadada del mundo del espectáculo (quizás la más sangrante y realista en espíritu jamás filmada) y de compendio cinéfago de la dieta que forjó su personalidad cinematográfica a lo largo de toda su vida, asimilada y excretada en un puñado de ideas y personajes absolutamente demenciales. Como sátira de la trastienda del show business no tiene piedad alguna, y basa su efectividad no tanto en la negrura de su guión como en el carácter polisémico derivado de la elección de cada animal para representar a tal o cual estereotipo (el más evidente esa mosca reportera amarillista rebuscando entre la basura, aunque hay más) y del reflejo que dicho estereotipo puede tener en la realidad. La vena cinéfaga, por su parte, se desparrama en multitud de géneros cinematográficos (romance, musical, acción, bélico, drama, negro, gore) cuyo denominador común sería su completa falta de mesura, su tono hiperbólico y descontrolado: porno subterráneo y fetichismo, drogas, violaciones, coprofagia, enfermedades venéreas mortales… De todo hay y todo mola en esta salvaje película, aunque la rana lanzadora de cuchillos veterana del Vietnam se lleva la palma.

Aún así lo importante no es que focalice su mirada en la perversión de elementos de apariencia blanca e infantil adoptando un prisma adulto (y cabrón), sino que, ejecutando tal maniobra, sea capaz de no perder ni un ápice de la profundidad y la capacidad de perturbar emocionalmente al espectador que al menos yo le detecto. Lo confieso: en mi caso particular abundaron más los escalofríos que las carcajadas. Y aunque es evidente que el film tiene serios problemas a la hora de modular el impacto de sus chistes (hay escenas presumiblemente importantes que carecen de intensidad, y no me refiero al maravilloso clímax final), su poso es más grande y duradero que el de otras comedias igualmente incorrectas, quizás porque en su interior hay más verdad de la que se puede adivinar a simple vista (¿la última escena de la actriz fracasada Heidi no os parece terrible y estremecedora?). Resumiendo: una comedia amarga hasta el dolor, prima hermana de biliosos ejercicios cómicos tipo El vengador tóxico y Smoochy, que bien pudiera encontrarse entre lo mejor que ha rodado su director hasta la fecha.

Meet the Feebles, de Peter Jackson (1989). Guión de Peter Jackson, Danny Mulheron, Stephen Sinclair y Fran Walsh.

jaspermorello.png

Muy gratamente sorprendido me ha dejado esta joyita de la animación australiana dirigida por Anthony Lucas. Aunque argumentalmente no es nada novedosa, toca, tanto en lo formal como en lo narrativo, unos puntos que me atraen muchísimo. Con una puesta en imágenes retrofuturista (con ecos de Metrópolis o aquel episodio de Otomo para Memories) y un diseño silueteado de personajes al más puro estilo Reiniger, The mysterious… nos sumerge en una clásica odisea hacia lo desconocido, imbuida de toda esa poesía tenebrista y fantástica inherente a tantas leyendas naúticas que azuzan nuestra imaginación. Francamente, eso me parece el cortometraje (de media hora: un corto largo, quiero decir): una poesía bellamente animada sobre patrones reconocibles del género fantaterrorífico y de aventuras, con sus barcos fantasma y sus islas misteriosas. A modo de influencia, el Alien del señor Ridley Scott, el Gordon Pym de Poe y, por extensión, todo Lovecraft. Un gustazo. Y repito: aunque la originalidad no sea su fuerte, por concepción y ejecución me parece uno de los films más disfrutables que he visto en mucho tiempo.

The Mysterious Geographic Explorations of Jasper Morello, de Anthony Lucas (2005). Guión de Mark Shirrefs.

Fábula futurista que adapta una novela del francés Stefan Wul (Ohms en serie), El planeta salvaje supone un canto a la tolerancia y la coexistencia pacífica entre seres diferentes, una reflexión en torno a la necesidad de entendimiento y la importancia del diálogo en cualquier sociedad moderna que se precie de serlo. Esta es la base de la película, pero no lo fundamental. Lo que importa al final es la forma en que se plasma toda la historia en imágenes, para lo que se contó con la colaboración del genial Roland Topor, dibujante, escritor (entre sus obras, El quimérico inquilino), miembro del Grupo Pánico junto a Jodorowsky y Arrabal y figura esencial de la ilustración fantástica moderna. Él diseñó todo ese mundo fantástico poblado de seres extraños e imposibles, estilizado y surreal, fascinante siempre. Su imaginación visual no tiene parangón y es toda una delicia perderse en esas extravagantes arquitecturas alienígenas, en esos sketches descriptivos plagados de humor negro, crueldad y divertida poesía del horror. Una maravilla de película, en definitiva.

La planète sauvage, de René Laloux (1986). Guión de Steve Hayes, René Laloux y Roland Topor, basándose en una novela de Stefan Wul.

necozalenky1.png

Podría estrujarme el cerebro para elogiar el desbordante talento que desprende cada fotograma de esta oscura revisión del clásico de Carroll, mostrar mi asombro ante tanta deliciosa imaginación macabra, con sus delirios surrealistas, sus ataques de pánico psicológico y sus esquinadas insinuaciones pedófilas, pero prefiero copiar lo que dice Jesús Palacios de ella en su libro La fábrica de los sueños:

“La animación checa es una de las más peculiares del mundo, principalmene por haber dado mayor preponderancia a las marionetas (siguiendo una larga y gozosa tradición propia de Centroeuropa, y paralela a espectáculos tan peculiares y praguenses como La Linterna Mágica o el Teatro Negro), y a otros materiales más extraños al cine todavía (plastelina, arcilla, papeles recortados e incluso objetos cotidianos), como base para su cine animado, muy por encima de los clásicos “dibujos” (en los que también son, desde luego, maestros). Cineastas como Jiri Trnka, Karel Zeman o Jiri Barta, entre otros muchos, son considerados ya clásicos del género, y el cine animado checo, lleno además de intenciones críticas y sociales a menudo, pero también de hermosas fantasmagorías y leyendas tradicionales, no necesitaba, aparentemente, ninguna revolución para seguir siendo único y prestigioso. Pero la tuvo, y con un nombre: Jan Svankmajer.

Militante, junto a su esposa, la también artista Eva Svankmajerová, del Grupo Surrealista Checo, escultor, grabador, dibujante, alquimista y artista conceptual, Svankmajer llegó al cine animado procedente del mundo de los títeres y la Linterna Mágica. Pronto, sumando su universo surrealisra y mágico a sus conocimientos técnicos, se convirtió en el más famoso de los animadores chechos, siendo descubierto al mundo por los británicos hermanos Quay. Ha realizado decenas de cortometrajes góticos, kafkianos y grotescamene divertidos, además de ácidamente críticos y perseguidos por el viejo Estado comunista. Pero sería su primer largometraje, una personalísima adapación del Alicia de Lewis Carroll, uno de sus autores favorios, el que arrasaría en los festivales, llegando a estrenarse comercialmente en nuestro país.

Gracias al personaje de Alicia, Svankmajer da rienda suelta a todo el poder de su imaginación visual, y en un juego de muñecas rusas que nos obliga a sumergirnos más y más profundamente en nuestro subconsciente, la niña de Carroll nos arrastra entre criaturas fantásticas, esqueletos semovientes y objetos peligrosos, en una recreación del mundo que hay detrás del espejo que, sin ser lieral con respecto al libro, acierta plenamente en su interpreación surrealista y psicoanalítica del universo carrolliano, traducido en imágenes propias del mundo praguense y cabalista de Svankmajer, con sabor a gabinete de curiosidades renacentista.

Alicia mezcla imagen real (la niña protagonista, una actriz no profesional), objetos y muñecos, y, como era de suponer, en absoluto se propone ser una versión dirigida al público infantil del clásico de Carroll. Por el contrario, restituye al libro todo su poder perturbador original, irracional y erótico de una forma peculiar y personal, pero que, seguramente, Carroll habría encontrado satisfactoria”.

Ahora, para resumirlo, podría poner en la balanza lo positivo y lo negativo. Lo mejor: sin duda, su capacidad de inventiva, sin parangón. Lo peor: que, como todo el cine de animación europeo, puede llegar a aburrir un poco.

Neco Z Alenky, de Jan Svankmajer (1988). Guión de Jan Svankmajer, basándose en la novela de Lewis Carroll. Diseño de producción de Jan Svankmajer. Fotografía de Svatopluk Malý. Montaje de Marie Zemanová. Protagonizada por Kristýna Kohoutová.