Mario Bava


Concedido: la obra más importante y perfecta del irrepetible Mario Bava sigue siendo este primerizo y genial ejercicio de estilo que, hurgando en unas formas de terror clásico, saca algo inédito que es en realidad puro arte decadente de raigambre eminentemente gótica y europea. Una gozada que hipnotiza ya desde su mítico prólogo, con esa negra ceremonia medieval y esa inolvidable máscara de clavos. Desde aquí, todo cuesta arriba: castillos inmensos, pasadizos secretos, carromatos avanzando entre la niebla a cámara lenta, muertos sin descanso, maldiciones, multitudes enfurecidas, criptas, bellas y pálidas princesas, almas condenadas a la hoguera…

Lo de Bava es de antología porque demuestra un conocimiento en el arte de la puesta en escena que deslumbra por su precisión e imaginación, por su acertado diseño de producción y su vasta cultura en materia de brujería y en el manejo de los resortes más llamativos del género (brillantes secundarios, cautivadora fotografía, inventiva en sus acometidas terroríficas, etc.). Bava cita a los clásicos (bien aprendidas las lecciones de Tourneur y Freda) para formularse a sí mismo. ¿Consecuencia?: nació un filme rebosante de un talento tan excepcional y caprichoso que todas las miradas fueron a parar a él, a ese desconocido director de fotografía italiano que encabezaría el resurgir del género en su país (y en toda Europa). Cine inmenso y acojonante.

La maschera del demonio, de Mario Bava (1960). Guión de Mario Bava, Ennio De Concini y Mario Serandrei, según una historia de Nikolai Gogol. Fotografía de Mario Bava. Interpretada por Barbara Steele, John Richardson, Andrea Checchi, Ivo Garrani, Arturo Dominici y Enrico Olivieri.

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Schock es el testamento fílmico de Bava, que enfermó durante el rodaje y tuvo que relegar en su hijo (Lamberto, otro que merece un hueco en este post) la silla de director para finalizar las tomas inacabadas. Y como testamento que es hay que reconocer que resulta decepcionante. Ya dije que su última etapa era bastante pobre, y Shock es una prueba fehaciente de ello: anodina, reiterativa y algo cargante, destaca por recurrir a un modelo de cine de terror esencialmente norteamericano (de hecho es una producción USA) que prioriza la intriga psicológica frente al esteticismo puro y duro que tanto practicó el italiano en sus inicios. Quizás su mérito estribe en aportar un nuevo “niño chungo” (David Colin Jr.) a la historia el cine, pro es bien poco, sobre todo si el intríngulis de la historia se adivina con tanta facilidad. Aún así, tiene algunas escenas reseñables y levanta bastante el vuelo en un final (muy Poe, de nuevo) que trae a la mente tiempos mejores. Recomendada para incondicionales de Bava, del terror con niño (malo) y el cine de cuentas pendientes.

Schock, de Mario Bava (1977). Guión de Francesco Barbieri, Lamberto Bava, Paolo Brigenti y Dardano Sacchetti. Interpretada por Daria Nicolodi, John Steiner, David Colin Jr. e Ivan Rassimov.

¿Cómo no se puede amar una película tan deliciosamente kitsch, tan malévola y superficial, tan rebosante de ideas demenciales y de puro genio como esta? Este es el cine que me gusta: un cine que va al grano sin prejuicios y ofrece lo que su póster promocional vende desde un principio: diversión y fantasía. Porque eso es Diabolik, una relectura sexy de Arsène Lupin pasada por el filtro del James Bond más imaginativo, una vuelta de tuerca a la figura del antihéroe que roba a los ricos no para dárselo a los pobres, sino para desperdigarlo en su lecho de amor junto a la increíblemente hermosa Marisa Mell (tengo que esforzarme para encontrar una escena más sugerente y genial que esta).

Pero Diabolik no vive sólo gracias a su ingenioso guión, la otra parte del león pertenece a su psicodélica puesta en escena, anclada en plena fiebre de un trip de ácido (memorable la escena del chute colectivo en el local del mafioso) o moviéndose plácida y sensualmente por una abrumadora paleta cromática mientras suena de fondo la música de Ennio Morricone, en un intento de enfrentar la Estética a la Ética (entendiendo la ética como la vía más adecuada para acometer un guión cinematográfico, esto es, atendiendo a factores “decisivos” como la evolución y profundidad de los personajes, la verosimilitud de los acontecimientos, etc.). Aquí todo resulta mejor cuanto más decorativo y descabellado es, porque su lógica es la del espectáculo y la del disfrute puro e infantil.

Por eso podemos decir que gana la Estética, al igual que gana el entretenimiento frente a la reflexión y el conflicto emocional/intelectual profundo. Esta joya es sexy, amoral, inteligente y casi surrealista, y si algunos críticos sesudos alzan condescendientemente la voz en clara actitud perdonavidas no hay de qué preocuparse, pues más alta se escucha aún la sardónica carcajada cómplice con que el bueno de Diabolik (al que siempre admiraremos y envidiaremos en secreto) despide la película.

Diabolik, de Mario Bava (1968). Guión de Adriano Baracco, Mario Bava, Brian Degas, Tudor Gates, Angela Giussani, Luciana Giussani y Arduino Maiuri. Interpretada por John Phillip Law, Marisa Mell, Michel Piccoli, Adolfo Celi, Claudio Gora, Mario Donen, Renzo Palmer, Caterina Boratto, Lucia Modugno, Annie Gorassini, Carlo Croccolo, Lidia Biondi, Andrea Bosic, Federico Boido, Tiberio Mitri, Isarco Ravaioli, Giorgio Sciolette y Terry-Thomas.

Si lo grandioso de Bava radica en el sello personal que transfiere a todas sus películas (decimos un Bava igual que podríamos decir un Lynch o un Picasso, tan reconocible es su firma), en esta tardía muestra de degradación cinematográfica sólo obtenemos una película modosita queriendo parecer (sin esforzarse demasiado) una de Mario Bava. Y le sale un producto muy de su tiempo pero para peor, algo así como el encargo veraniego de un Jess Franco con los niveles de exigencia bajo mínimos (o sea, un Jess Franco en su salsa). Gran parte de la decepción proviene, aparte de su vergonzoso guión (¿un quiz argumental a lo Mortadelo y Filemón metido con calzador en los Diez negritos de Agatha Christie?), de esa absoluta carencia de escenas memorables o siquiera vistosas tan habituales en su cine, casi siempre ligadas al derramamiento (elegante o no) de sangre y que aquí se despachan en off por eso de mantener cierto suspense argumental, aunque este caiga redondo por la ineptitud de los guionistas y por un cúmulo de trampas de cartón piedra que dan más pena que otra cosa. Y es que ni siquiera el humor acompaña a este título fallidísimo, necesitado de muchísimo más arrojo sexual para resultar mínimamente atractivo (y eso que el comienzo promete mucho). Sólo apta para seguidores del italiano y fanáticos del suspense con chica mona al servicio del mayor de los despropósitos narrativos.

5 bambole per la luna d’agosto, de Mario Bava (1970). Guión de Mario di Nardo. Interpretada por William Berger, Ira von Fürstenberg, Edwige Fenech, Howard Ross, Helena Ronee, Teodoro Corrà, Ely Galleani, Edith Meloni, Mauro Bosco y Maurice Poli.

Bahía de sangre es una película importante por varios motivos. Para empezar, es una de las precursoras más claras del exitoso subgénero slasher (ya sabéis: asesino de identidad desconocida, sangre joven, sexo…), del cual deja marcadas algunas de sus constantes más recurrentes en la genial y gratuita subtrama de los ingenuos veraneantes prestos a calmar hormonas al calor de la citada bahía. Cunningham y cía., muy listos ellos, plagiaron sin rubor algunas de sus escenas más logradas en la célebre Viernes 13, la más evidente aquella que ilustraba un brutal y supererótico homicidio perpetrado con una enorme lanza tribal. Se había formado una de las franquicias más rentables y divertidas del cine de terror, pero seguimos con el italiano.

Bahía de sangre también se erige como una de las obras más violentas e incorrectas del autor de La máscara del demonio, señalando quizás el inicio de un periodo de madurez que no llegaría a desarrollarse en el futuro, o al menos no como uno hubiera esperado. Y digo madurez no tanto en un nivel narrativo o estético (donde ya tiene un control absoluto) como en una notable falta de pudor a la hora de abordar el sexo y la violencia. Efectivamente, aquí hay, creo que por primera vez en su filmografía, desnudos integrales de algunos personajes y, sobre todo, una forma de filmar los asesinatos contundente y bestial. Lo expeditivo de estos crímenes crearía escuela en todo lo que viene siendo el terror moderno, para alcanzar desagradable protagonismo en los desquiciados carriles del gore. Ello, no obstante, implicó también la pérdida de sutileza que lo había caracterizado hasta entonces (evidenciada, también, en esa recurrencia excesiva a los obsoletos zooms), aunque las posibilidades expresivas seguían siendo enormes.

Pero si por algo ha alcanzado categoría de clásico Bahía de sangre es porque resume perfectamente el corpus temático de su autor: en un hábil juego de apariencias estructurado según una lógica de ocultación informativa nada inocente, Bava expresa su opinión sobre la naturaleza del ser humano: es mentiroso, vengativo, codicioso, cruel e irremediablemente estúpido (Hobbes en el pensamiento). Hay mucho secundario a modo de camelo, pero todos, absolutamente todos los personajes, implicados o no en su envenenada trama, están dibujados con colores duros y cenicientos (como la atmósfera) que apenas dejan vislumbrar un perfil benigno de personalidad. De ahí que el final, a todas luces inverosímil, resulte tan estremecedoramente eficaz. En ese limbo de aguas putrefactas donde se empantanan tan viles criaturas sólo la inocencia, corrompida, puede poner algo de orden y devolver a la naturaleza su equilibrio natural. Un Bava mayor, en definitiva.

Reazione a catena, de Mario Bava (1971). Guión de Franco Barberi, Mario Bava, Filippo Ottoni, Dardano Sacchetti y Giuseppe Zaccariello. Interpretada por Claudine Auger, Luigi Pistilli, Claudio Camaso, Anna Maria Rosati, Chris Avram, Leopoldo Trieste, Laura Betti, Brigitte Skay, Isa Miranda, Paola Montenero, Guido Boccaccini, Roberto Bonanni y Giovanni Nuvoletti.

Difícil de reivindicar resulta El diablo se lleva a los muertos, sita en lo que se considera el punto de decadencia del autor de Diabolik (de hecho, una gran mayoría la considera su peor película), pero aún así lo voy a intentar. Empiezo por lo malo: el guión es absurdo (¿5 guionistas para esto?) y la primera hora es una consecución de sinsentidos capaz de irritar hasta al espectador más permisivo. Hasta ahí, todo correcto. Pero es que la media hora final me parece extraordinaria, por dos motivos: uno, contiene algunos de los asesinatos más hermosos de toda su carrera; y dos, supone un descenso a los infiernos del esteticismo puro y duro que dignifica el género, ensalzando el poder del amor mediante la corrupción del asesinato, gracias a una clásica historia de fantasmas que bien pudiera haber escrito Neil Gaiman para su Sandman, tal es su malévolo poder de atracción.

Para que el cóctel funcione, Bava le mete necrofilia por un tubo (de nuevo Psicosis en el punto de mira) y un reparto impecable que le da un toque bizarre al conjunto y que encabeza una imposiblemente guapa Elke Sommer, apoyada por un Telly Savalas muy cómodo en su (previsible) papel y una Alida Valli que aporta distinción y ajada elegancia europea a una trama necesitada de la misma. Entre las escenas más memorables: una cena de difuntos que inspiraría aquel simpático terror de segunda, Cumpleaños mortal, creo que se llamaba. Clase, mucha clase.

Resumiendo: un delicioso retablo surrealista y erotizado que funciona sólo en su tramo final, pero que a un aficionado entregado como yo le compensa con creces. Tanto me compensa que hasta defiendo su delirante epílogo en el avión, por una razón: porque, como la sorpresa final de Alta tensión (Aja no se volvió loco, simplemente jugó al trampantojo sin ningún rubor), ratifica eso de que la lógica en una narración cinematográfica no tiene por qué serlo todo, a veces importa más la lógica onírica. O sea, la Estética y el placer visual que nos provoca lo Imposible (porque eso es la película: una pesadilla, una ilusión que atrae y repele a partes iguales). La Celda, de Tarsem Singh, también esbozaba una idea parecida, con más poderío pero también más anclada en los cimientos de lo real.

La casa dell’essorcismo, de Mario Bava (1973). Guión de Mario Bava, Alberto Cittini y Alfredo Leone. Interpretada por Telly Savalas, Elke Sommer, Sylva Koscina, Alessio Orano, Gabriele Tinti, Kathy Leone, Eduardo Fajardo, Carmen Silva, Franz von Treuberg, Espartaco Santoni, Alida Valli y Robert Alda.

Bava sigue refinando su estilo en este obsesivo thriller psicológico, combinando los clásicos esquemas dramáticos del cine de psychokillers con una puesta en escena enfermiza y casi surrealista, muy al gusto italiano. Lo hace perfilando un protagonista que es la suma de muchos caracteres clásicos del género (y de la realidad): como Ted Bundy, se pirra por aniquilar a mujeres jóvenes y hermosas (con una salvedad: estas deben haber contraído matrimonio recientemente o estar a punto de hacerlo; en cierto modo una contundente diatriba contra dicha institución); como Ed Gein, vive traumatizado por el recuerdo vampirizante de una madre muerta en extrañas circunstancias; y como el Norman Bates de Psicosis, se traviste para matar si es necesario, reflejando un trastorno de personalidad importante.

La historia, pues, no interesa tanto por la novedad como por la forma en que está contada, por su conjunción de muerte y belleza, de deseo y penitencia, pecado sin redención. Más curiosa resulta su sutilísima lectura de la violencia en el cine y en la realidad, recurriendo para ello a una propia película suya (qué vanidoso) de corte clásico (Las tres caras del miedo, con Karloff) y contraponiéndola a la dureza que ofrece la vida real, con un cuerpo brutalmente asesinado inerte en lo alto de la escalera. Más curioso todavía (y esto ya es rizar el rizo) es comprobar como Peter Bogdanovich desarrollará una idea similar en su peli de culto El héroe anda suelto… ¡también con Karloff ofreciendo su imagen a la causa!

Dejando aparte estas interpretaciones laterales, Un hacha para la luna de miel se disfruta si uno conoce y aprecia el cine del italiano (con todos sus autoguiños y características estéticas distintivas, como esos maniquíes que ya son una constante macabra en su filmografía), aunque pierde bastante cuando intenta desarrollar, de forma inexplicable, una trama paralela sobrenatural que no venía a cuento. Lo dicho, un Bava menor pero que se puede reivindicar…

Il rosso segno della follia, de Mario Bava (1970). Guión de Santiago Moncada. Interpretada por Stephen Forsyth, Dagmar Lassander, Femi Benussi, Jesús Puente, Laura Betti, Luciano Pigozzi, Antonia Mas, Gérard Tichy.

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